lunes, 24 de diciembre de 2012

Propósitos 2013




Sonreir más,callar menos. Llorar es aburrido, asique lo dejamos para el próximo año. Vivir, que a veces se nos olvida. Ser loco. Estar loco. Volverme loco. Hablar, gritar, susurrar, cantar. Gritar cantando.. Hacer promesas. Cenar fuera de casa cada viernes. Salir los sábados. Poder decir 'noches que no recuerdo con amigos que nunca olvidaré'. Ir al cine. Quedarme en casa sin hacer nada. Comer helado de chocolate hasta odiarlo.
Dibujar cosas que nunca van a existir. Fotografiar olores. Hacer fotos, muchas, demasiadas. Abrazar. Echar de menos. Perderme y que nadie me encuentre. Perder la noción del tiempo. Aprender de cada situación que nos pone el destino. Madrid centro y unos amigos con los que reirme. Sentirme bien conmigo mismo, porque soy como quiero ser y no como los demás me dicen que sea. No conocer el límite de las cosas y traspasarlos. Llevarme bien con el Karma. Hacer buenos amigos. Escribir cartas que nunca mandare. Nunca fallar a nadie. Tragarme el orgullo. Correr cuando hay que rendirse y levantarse cuando hay que sentarse. Hacer feliz a la gente que se lo merece. Coleccionar cosas sin sentido, o mejor, coleccionar billetes de avión. No preguntarme el porque de las cosas. Sentirme especial. Tachar días del calendario habiendo aprendido algo nuevo. Intentar las cosas y conseguirlas. Conocer gente nueva. Saltar en paracaídas... vale, no, pero algún día de mi vida. Celebrar mi cumpleaños en algún sitio especial. Cortarme el pelo y arrepentirme. Reir mucho y con quien más quiero. Ver amaneceres y atardeceres, solo o en compañía. Pasar más tiempo con mi familia. Que este verano sea inolvidable. Recordar. Ser libre. Hablar horas por teléfono. Pasar horas interminables estudiando. Decir siempre la verdad. Desayunar un cola-cao como cada mañana de mi vida desde hace quince años. Ir a conciertos, muchísimos conciertos. Perder el tren. Perder gente y aprender. Comer tarde. Ser más justo. Dejar de quejarme tanto. No despedirme nunca de nadie. Empezar las conversaciones yo. No esperar nada de nadie. Quererme más. Y... para empezar no está nada mal. Querido 2013.


jueves, 20 de diciembre de 2012


El café se enfría en la bandeja del desayuno. Ella sigue dormida. Yo me levanto y me pongo a trabajar en el despacho.
(Y pensar que me quedaba horas viéndola dormir, sin importarme el café y mucho menos el trabajo. El primer beso, sin canción. El primer polvo sin compasión. El primer "cuelga tú" y pensar lo gilipollas que pareces. Tocar el cielo o incluso robarlo. El primer ciego juntos. Ciego de amor. Ella borracha gritándome idioteces. Su existencia formando mi esencia. O algo así. Mil cartas cuando no nos veíamos. El corazón a dos palmos de mi pecho. Conocer a sus padres. Volverme loco por ella. Ser loco. Estar loco. Quererla a morir. Qué bien suena. Viajes: París, Londres, Cancún, Islas Açores...
Cada vez más X en los mapas. Deshacer maletas. Polvo de "ya estamos aquí".  Abrir las persianas.
Mirarme en el espejo: ¿Qué cojones somos, cariño? Hemos cambiado tanto... Ni tú eres ella ni yo soy yo. Lo que el tiempo toca lo convierte en mierda. El amor desgasta. Ahora te veo dormir y sólo quiero que te despiertes lo antes posible para recoger la habitación y ponerme a hacer cosas. Tú ni esperas ni quieres que esté a tu lado al despertar. Nos queremos por todo lo que recordamos. Por el pasado. ¿Sabes? Sigues siendo igual de bonita que siempre. Por lo menos ni el amor ni el tiempo han podido con eso. Pero ya no somos nosotros. Todo acaba. Aunque no queramos.)
El café se enfría y el amor se convirte en cenizas. Despierta, te estoy esperando como antes.



Silver García.



domingo, 16 de diciembre de 2012

Aviones de papel, papiroflexia y sus cosas..


No quieras saber las veces que he pensado que tú y yo no somos más que una mesa de algún andrajoso bar situado en medio de un aeropuerto intensamente transitado; con mil vidas turísticas que embarcan y desembarcan sonrisas, intentado no pasarse con el peso de los sentimientos...


Tú y mis latidos están ahí, inmunes a todo el caos que está a su alrededor; como congelados en el tiempo. Helados por el aire que entra por esa puerta que se desliza por sus raíles cada vez que un par de zapatos cruza la línea de salida hacia una nueva aventura. 

Nuestra mesita es de las metalizadas, acompañadas por dos gélidas sillas que hielan cada uno de los suspiros. Si decides tomarte un café sentado en ellas; por mucho que éste se empeñe en calentarte el cuerpo después de un largo y turbulento vuelo.

Las personas que se cruzan ante nuestra escena se reflejan en la vacía y huellas dactilares;se mezclan con el humo, se ahogan en el último trago no dado de ese vino de mierda que venden en el duty free, y parecen atraídos por la idea de que lo único que me recuerda por qué página voy de mi propia historia es un billete de ida hacia mi futuro... Sin usar, sin arrugar; caducado. Pero tan presente cada vez que abro mis 140 páginas que hasta puedo notar la inercia del despegue al imaginarme ahí; en un sillón cómodo, no como estos. Con una ventanilla por la que se vean los problemas y sus personas tan diminutos que no logren ponerme nervioso con el ruido de sus pasos. Con un sueño, y no helado de frío por ver como otras aventuras alzan el vuelo, mientras mis ganas se ahogan en una copa llena de alcohol barato...

Quizá algún día deje atrás esta imagen de nosotros; quizá algún día me atreva. Pero hasta entonces esperaré aquí sentado a que uno de los vuelos a tu corazón tenga una butaca para mi....en business class.




sábado, 1 de diciembre de 2012

Diciembre,invierno,frio,música,luces, Gran Via

Y su luz nos ha dejado de volver tan locos. Ciegos, nos deja ciegos, y lo único que puedo decir
es que si esta noche no me oyes, supón que ha llegado el invierno a nuestra ciudad. Es una pena, una pena que lamenta hasta el cielo, que sumerge en acto de luto las pequeñas casas de mi cuidad a la decadencia de una luna llena. ¿En realidad? En realidad no ha pasado absolutamente nada aquí, dentro de mi; supongo que simplemente ha llegado el frío..


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Ese día que soñé contigo me lo inventé. Ya sabes, mi imaginación nunca para quieta y hasta la nieve baja de vez en cuando a escuchar estas historias que me monto yo solo cada madrugada. Ingenuo, y más que eso, cuando cada noche fue por ti por quién dejé de apagar la luz de mi ventana solitaria, aún sabiendo y lamentando que no es más que un deseo que termina de cumplirse al abrir los ojos. No me lo tengas en cuenta, no te lo voy a susurrar, ni recriminar, ni suplicar.. Tengo a esta luna que se sumerge cada anochecer en mi mente, convirtiendo el viento de mis recuerdos en una ligera niebla para hacerlos más llevaderos y borrar esta culpa. Esta culpa que ahora no pesa al pensar en que si no he vuelto a tus brazos, es por miedo a resbalar. _¿Y tú, qué es de ti? No me mires así, no me respires de esta manera y échale todo el desliz a las semanas, a esos siete días con sus mentirosos amaneceres aún sin dormir discutiendo sobre quién amaba más a la lluvia. Cállate, olvídame, y deja de hablarme con esa voz baja y mía, mía por todas las veces que consiguió hacerme tuyo aún yo sabiendo que no debía, mía por saber decir lo que querías oír cuando yo no quería hablar, mía por hacerme temblar aún sin sentir frío, mía por ser mi banda sonora cada mañana.. 



Ahora no quiero más, no puedo más; así que me limitaré a convertirme en nieve para caer sobre tus pestañas y seguir siendo el único capaz de producirte esos escalofríos



domingo, 18 de noviembre de 2012

Ven a pudrirte a Madrid conmigo




- Ya no sé que esperar.
- No esperes nada...
- ¿Cómo?
- A veces es mejor no esperar nada de nadie, porque si esperas las decepciones serán más grandes y las alegrías más pequeñas. Simplemente, deja que te sorprendan...


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Contrastes. Siempre me gustó caer solo para, posteriormente, sentir el ascenso. 
La música en mis cascos hacía latir mis tímpanos al compás de la situación, con Vetusta invitándome a respirar de la húmeda paz que abastecía mis pulmones, y así hice, dejado que lo que fluyese por mis vasos sanguíneos hablase por mi; soledad, equilibro y pocas cuerdas que me atasen al mismo pensamiento que me hacía, noche tras noche, pulular cual nubarrón hasta calar la almohada y quedarme dormido sobre mi propia pena.

Esa era mi historia; la misma que ahora me ahogo recordando entre grados líquidos e infinitos de agua. La misma, que se convierte en mi talón de Aquiles cada vez que sumerjo la cabeza entre recuerdos y arrepentimientos. La misma que viene, va, y se queda a cien metros de mi olvido; esperando el momento oportuno para volver a sacar sus garras y clavármelas.
 Utópico. Ya, claro. Tan maravilloso y mágico todo como, alguna de las preguntas que no valdrá responder con un 'te quiero', alguna de las preguntas de ese examen que no aprobaré.
Y tanto. Tan incoherente como atado a la lógica, tan.. Tú, que hasta a veces me asusta pensar que este vértigo que siento no es más que una de esas tantas ocasiones en las que me sacas de tu cabeza y me dejas caer, 
deslizándome por ese rascamiscielos 






Aunque tu no sepas,
merecías tanto.





Iré contra mi y contra mis sentimientos, y tal vez encuentre el cómo. No se si el camino será el adecuado, no se ni si será un camino, un río o una casa en la montaña, pero algo, algo, será. Y como ella me decía, "reza cada noche para que aparezca entre tus sabanas algo infinito que aprecie tus pequeños y numerosos caprichos" seguido de un "y cierra la puerta sin dejar que se abra ninguna ventana, si no el infinito no será mas que algo pasajero" Consejos que se dan en pequeñas porciones de momentos importantes y significativos que terminan persiguiéndote la vida entera, no se si son buenos o malos, pero son tuyos para mí.


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Quiéreme si te atreves, Un jeux des enfants.




A pachas con la maldad




domingo, 11 de noviembre de 2012




'Sé que correr tras tuya no es una buena idea, ya que nunca nadie pudo caminar sobre el agua. Llamarte tampoco suena coherente, ni recordarte, ni quererte... Nada tiene sentido, y mientras intento mentalizarme esa verdad absoluta me pierdo en la sensación que me provocan las ondas de estas cortinas que enredan frío y no cometer nuestro exquisito error.'

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En fin; ya no tengo prisa, ni citas a las siete..
No te tengo, pero ya no importa tanto como cuando creí que eras la única que cabía en mi bolsillo. Así que voy a centrarme simplemente en sentir cómo se congelan mis pies y escuchar—intentado no respirar para evitar confundir mi aire con los truenos—cómo los perros de los vecinos le ladran a esa nube con forma de gato: gris, inquieta y tan mojada de miedo que hasta parece que caerá de un momento a otro por su propio peso. 

Sin más, sin menos; sin ti.

Y me levanto sobresaltado dándome cuenta de lo que acabo de hacer: te escribí, te confesé que sufría. Te necesité y te lo hice saber.
Soy un necio.

Pero eso no me duele. Ahora solo me sangra el dedo, o el corazón, o todo en uno,.. mientras veo que tu última conexión fue hace catorce crueles minutos que no dejaron respuesta a mi confesión.. Y mejor así; no quiero saber que la solución a mi miedo es, según tú: 'Pues tonto, deja de pensar y enciende la luz.'



viernes, 12 de octubre de 2012


Hoy he aprendido una gran verdad: Cuando la carretera está seca no ves como se pierde entre tus pasos. En cambio, después de una de esas tormentas que tintan el asfalto de siete tonos diferentes de gris, te das cuenta que son mucho más que simples kilómetros lo que se desliza bajo tus pies; son sueños, pesadillas, sonrisas, baches, caídas... Es todo lo que tú eres, y lo peor de todo es que te das cuenta de ello solo después de una de esas lluvias tupidas que no solo traen frío y un húmedo dolor de cabeza. Qué va. Además revelan sobre esas infinitas carreteras lo mucho que somos, y lo poco que nos damos cuenta de ello por pisar siempre un suelo que ni resbala, ni nos duele.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Aquí la primavera, ¿Ha cambiado algo?



¿Qué es lo que cambia dentro de un tren? Pasan las horas, se supone que vamos acotando el sueño, que vamos cubriendo los metros que le ponen nombre a la distancia. Pero ¿qué es lo que cambia? Yo he cambiando un centenar de veces de posición. ¿Solo eso? Mi compañera, a la que se le ha agotado la batería del móvil poco después de salir, lleva varias puestas de sol sin pestañear. En el asiento treinta y dos, inmóvil, un hombre mayor cuenta que hace no mucho estuvo en China y compró unas alfombras preciosas. En el veinticuatro una mujer disimula las lágrimas con un libro de Ken Follet. En el dieciséis descansa El extranjero de Oxford, una botella de agua, un kit-kat y un lápiz ya sin punta. Todo duerme. ¿Qué es lo que cambia, entonces? El cincuenta y uno está vacío. En esa plaza, los que más miedo tenemos, ponemos todo lo que nos asusta en cuarentena. A su lado, una señora lo custodia. El reloj lleva dos horas marcando las cinco y veinte y en el asiento cinco (y en el seis) y en el veinte (y en el veintiuno) ocurren cosas similares. El amor, que no cambia, que sigue y sigue pegando manos con super-glu, cinturas con pegamento de barra, labios con el de los post-it para así (poder besarse y no besarse y así [poder besarse y no besarse y así] poder besarse y no besarse y así) poder besarse y no besarse. 



Yo estoy en la plaza cincuenta y cuatro. Llevo en ella varios años y aún no ha pasado por aquí la primavera. ¿Ha cambiado algo? Estoy triste. No mucho. Pero me entristece ver que no dejas de demostrarme que te quiero (como hacías antes, como hace menos de un año). Que no puedo bajarme del tren. Que no hay frenos para tales urgencias. Que no tengo dinero para volver hasta ti y decirte lo mucho, lo muchísimo, lo tantísimo que me siguen doliendo este tipo de nostalgias.



lunes, 17 de septiembre de 2012

Autobuses y reflexiones...




Nadie ha pensado hoy en ti; date cuenta. Nadie te ha preguntado si hoy te apetece reír, llorar, hablar o, simplemente callar. Nadie ha sabido percibir tus ganas de comerte el mundo, ni han sabido tampoco aprender a notar que los dolores ajenos no son siempre físicos. Nadie.



Y así es el mundo: Frío, callado y con la mirada perdida en los paisajes urbanos que deja atrás el ruidoso autobús. Sus verdades suelen ser como los cristales rallados: solo las percibes cuando una luz cegadora incide directamente, hiriendo tu mirada y mostrando que las personas no siempre son tan transparentes como parecen; duele, sí. Pero al menos de esa manera podemos descifrar esas dudas que palpábamos al pasar el dedo sobre el, aparentemente, liso y translúcido cristal.
Por su parte, los baches y curvas de la carretera te hacen dar tumbos durante todo el trayecto, cuales lecciones de vida pero, ¿Para qué? Si cuando llegamos a nuestro destino nos toca enfrentarnos a una nueva carrera la cual, o ganamos, o perderemos mucho más que tiempo..

Hablado de tiempo. Ese que pasa efímero, como las luces anaranjadas de los viajes nocturnos; alumbran las caras de todos los pasajeros de este autobús, como buscando una expresión que difiera de las demás. Pero aquí todos estamos serios, con la mirada perdida y esperando no olvidar darle al botón rojo para solicitar parada. Nuestro tiempo es triste. Y la única cosa común que seguramente se nos pase por la cabeza es que ojalá existiese un botón rojo para parar al corazón cuando más le duela latir. Pararlo, y bajar del mundo para que este siga girando a su manera pero, esta vez, sin marearnos.

Así pues: el mundo es un autobús. Sucio, caro y no siempre con un sitio para nosotros. A veces puntual, otras no tanto; pero siempre infalible, llegando a la parada concreta y parando en la solicitada, aunque no sin baches de por medio.

...

Odio los autobuses.

Odio las caras tristes y los baches que me causan dolor de cabeza.

Odio ir sentado a contra dirección, pero no me neguéis que es mucho más lógico y sencillo ver pasar al propio pasado que intentar percibir qué es lo que me espera a un kilómetro; si un bache, una curva o una parada, si me dolerá la inercia o si una nueva pasajero se sentará a mi lado.. Prefiero perderme entre los cascos y olvidar esas caras tristes que se tambalean al compás de los bruscos acelerones del conductor; prefiero ver quedarse atrás las paradas que no necesitaba y concentrarme en ese botón rojo que me dejará justo en la salida de mi próximo viaje y también, si es menester, parará mi motor cuando mi mirada se vuelva cristalina y refleje las palabras 'Avería, las ausencias vuelven a latir.'




domingo, 9 de septiembre de 2012

Presente, pasado o futuro...

En los diez minutos que llevo tumbado en el jardín he visto pasar un total de cinco aviones.
Cinco minúsculos puntos blancos han recorrido mi campo de visión; cinco pequeñas casualidades que han sucedido, mostrándome la efímera barrera entre el presente, pasado y el futuro: De ese último no sé nada, y ya quedó pasado el momento en el que me tumbé aquí. Lo que yo llamé presente un par de líneas más arriba ya no es más que el pasado que voy a mencionar justo después de estas palabras: Se fue y fue.

Sí, es cierto. Todo esto es tan extraño como el pensar que sobre mi cabeza hayan pasado un total aproximado de 600 personas.. ¿Os imagináis? Seiscientas vidas que serán protagonistas de la reflexión de una perdida que les ha observado sin que ellos se diesen cuenta. A metros de altura, todos congregados en un punto blanco que deja su estela como certificado de que, efectivamente, el pasado lo es porque hace un segundo fue presente. 

Y ahí queda, esa fina barrera temporal destacando sobre el azul cielo...

En cuanto a esas vidas.. ¿Dónde irán? ¿De dónde vienen? ¿Habrá alguien enamorado a bordo? ¿Alguien que esté arrepentido? ¿Alguien que eche de menos? ¿Algún médico?..
No sabéis lo que daría por conocer al menos una de las historias que acaban de sobrevolarme; escribirla aquí, y demostrar con ello que no soy el único que prefiere ser pasado que un futuro amor incierto, que no soy el único que se arrepiente de haber alzado vuelos equivocados y que, mucho menos, soy el único necio que echa de menos todo aquello que se pierde con el equipaje...

En fin, llamémoslo 'V.I.D.A.' (Venidas, Idas, Dramas y Amor) ¿Os parece? Llamémoslo así porque otro nombre podría ser demasiado corto como para explicar su compleja razón de ser. O muy largo, con lo cual perderíamos muchos segundos mientras intentamos hablar de lo que una vez no supimos que tendríamos, pero que sucedió, aún no quedándose por mucho tiempo..

Demasiadas palabras. Volvamos al vulgar y fácil 'vida'.

No soy médico—y si hay alguno en la sala que alce la mano y diga 'aquí estoy, si quieres fuego yo juego'— pero puedo afirmar que la vida es una variante adquirida: Sin cura, prevenible y en la mayor parte de los casos sufrida por esos viciosos que intentan franquear los obstáculos del tiempo saltando por sus cornisas sin capa de superhéroe. Necios. Somos esos los que acabamos sufriendo la vida por querer conocer de ella cada uno de los límites y desafiarlos, hasta darnos cuenta de que no somos lo suficientemente sabios como para burlar las casualidades que nos vienen predestinadas.

Somos nosotros, esos insensatos sin poderes mágicos ni armadura, los que contagiamos las ganas de vivir a través de sonrisas, miradas, roces, caricias, palabras... Y nadie se salva, por muchas capas de ropa que lleve encima, de empaparse de esa sensación ambiciosa de querer acelerar el reloj que late sobre la mesa de la oficina; romper su compás, y salir por la puerta grande llamando a esa persona que pensaba imposible; verle, contagiarse de su vida. Enamorarla. 

Olvidarlo todo. 

Y dejar que esa sonrisa ajena cale dentro de nosotros, impulsándonos a mandar todo a tomar viento y coger el primer vuelo a ninguna parte; perder el equipaje, echar de menos lo que perdimos y arrepentirnos por no haberlo hecho antes; por no saber que lo que en el pasado no apreciamos y perdimos en el presente lo echaremos en falta estando en un futuro vuelo de catorce horas.

Tiempo. Corre. Vuela. Jode. Quema. 

Esta es mi historia. Contada desde mi jardín mientras observo como seiscientas vidas van a dar la vuelta al mundo contagiando y contagiándose de nuevas ganas de eso que vulgarmente llaman 'vida'.

Ojalá.



sábado, 8 de septiembre de 2012




Bienvenido a esto que llamamos realidad, y que solo parece irreal. 



''Jugamos a ser humanos en habitaciones grises, no nos damos cuenta pero existen ascensores prohibidos justo en el momento en el que necesitamos subir a la realidad, somos tan simples y nunca aceptamos que hay pecados compartidos, que lo que queremos ha estado tan cerca que ni lo vemos, nos disfrazamos de lo que no somos, nos deslizamos por los demás, nos hundimos por sacar a flote a otros, nuestros anclajes no pueden con nuestro instinto de amor, y sin embargo siempre nos equivocamos en cuanto a quien queremos o a quien creemos querer. Así somos, imperfectos. Pero tú estas dentro de lo distinto, tu dejas correr tus tuercas, y que hormigas (las personas que son tan débiles comparadas contigo) te retuerzan, y saquen consejos y ayuda de ti y luego no te den nada. Tu eres distinto, eres tu propia dosis, pero no te das cuenta. Y aunque no sepamos que es lo que sucede, o que es lo que acabo sucediendo, di siempre lo que tengas que decir, porque habrá un momento en el que ni la muerte te dejara decir nada, y es entonces cuando nos quedaremos con las ganas de decir que echaremos de menos, que amamos y que vivimos como nos da la gana. Porque una cosa he aprendido y es que cuando no sabes la razón de estar triste, solo sientes dardos, sientes que tu incomoda postura en el mundo se dilata en otro espacio, sientes que ni tu eres tu ni tu gente es tu gente.''



Lorena,






lunes, 3 de septiembre de 2012


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Se subió el telón, no hay marcha atrás es hora de actuar lo mejor que puedas, respira hondo y deja que te iluminen los focos, se siente bien pero a la vez la cabeza te da vueltas. Sonríe, es tu momento, todos te miran, triunfarás, ni lo dudes. Levanta tu copa y grita




------------------->>>>>>>>>>>FREEDOM<<<<<<<<<<<-------------------------







'La vida no se mide anotando puntos, como en un juego. La vida no se mide por el número de amigos que tienes,ni por cómo te aceptan los otros.No se mide según los planes que tienes para el fin de semana o por si te quedas en casa sólo. No se mide según con quién sales, con quién solías salir, ni por el número de personas con quienes has salido, ni por si no has salido nunca con nadie. No se mide por las personas que has besado. No se mide por la fama de tu familia, por el dinero que tienes, por la marca de coche que manejas, ni por el lugar donde estudias o trabajas. No se mide ni por lo guapo ni por lo feo que eres, por la marca de ropa que llevas, ni por los zapatos,ni por el tipo que música que te gusta. La vida simplemente no es nada de eso. La vida se mide según a quién amas y según a quién dañas.Se mide según la felicidad o la tristeza que proporcionas a otros. Se mide por los compromisos que cumples y las confianzas que traicionas. Se trata de la amistad, la cual puede usarse como algo sagrado o como un arma. Se trata de lo que se dice y lo que se hace y lo que se quiere decir o hacer, sea dañino o benéfico. Se trata de los juicios que formulas, por qué los formulas y a quién o contra quién los comentas. Se trata de a quién no le haces caso o ignoras adrede. Se trata de los celos, del miedo, de la ignorancia y de la venganza. Se trata del amor, el respeto o el odio que llevas dentro de ti, de cómo lo cultivas y de cómo lo riegas. Pero por la mayor parte, se trata de sí usas la vida para alimentar el corazón de otros.Tú y solo tú escoges la manera en que vas a afectar a otros y esas decisiones son de lo que se trata la vida. Hacer un amigo es una gracia. Tener un amigo es un don. Conservar un amigo es una virtud. Ser un amigo es un honor y un privilegio.'





sábado, 1 de septiembre de 2012


Korogi:
''Y ¿sabes qué pienso? Pues que para las personas, los recuerdos son el combustible que les permite continuar viviendo. Y para el mantenimiento de la vida no importa que esos recuerdos valgan la pena o no. Son simple combustible. Anuncios de propaganda en un periódico, un libro de filosofía, una fotografía pornográfica o un fajo de billetes de diez mil yenes, si los echas al fuego, sólo son pedazos de papel. Mientras los vas quemando, el fuego no piensa: "¡Oh, es Kant!" o "Esto es la edición vespertina de Yomiuri Shinbun ", o "¡Buen par de tetas!". Para el fuego no son más que papelotes. Pues sucede lo mismo. Recuerdos importantes, otros que no lo son tanto, otros que no tienen ningún valor: todos, sin distinción, no son más que combustible.
¿Y sabes? Si a mi me faltara ese combustible, si dentro de mí no hubiera esa especie de cajón de recuerdos, hace tiempo que, ¡cras!, me habría partido en dos. Y me habría muerto en cualquier rincón tirada como un perro''


After Dark, Haruki Murakami.


Teoría del huevo Kinder, la llamo yo




¿Cómo será en realidad? ¿No te lo has preguntado nunca? Yo me lo pregunto constantemente. Teoría del huevo Kinder, la llamo yo, aplicación sobre las personas. 
No todo es como nos parece que es. Siempre hay algo debajo que se esconde. Algo que es casi imposible e ver. Demasiados secretos, dicen. Demasiado miedo a contarlos, diría yo. Siempre hay algo más, no es simplemente el exterior. Algo mejor o peor, pero que está, permanece y forma parte del todo. Un todo del que solo conocemos parte. Si te lo ganas descubres la sorpresa, si no te quedas con el chocolate




lunes, 27 de agosto de 2012




Hace ya tiempo que dejé de pensar en lo que valen las sonrisas. 

Y empecé a calcular las mías. Al día, sonrío en un promedio de catorce veces, y joder, sí, es otra puta casualidad. Demostrado queda que sonrío más cuando llueve y cuando estoy a solas, puesto que en este último caso son siempre 'mis sonrisas' y no las que sueles fingir por que la otra persona te la está demandando con mirada de compromiso. También dependen de las fechas, si, de las fechas; y de lo que signifiquen estas para mi, pero no voy a entrar en ese bucle ahora.. Los actos, los gestos, las palabras.. Pocas de ellas, pero prometido que al oírlas poco puedo hacer para aguantarme y no esbozar una de mis estúpidas, insensatas y delatadoras sonrisas.

A otro tema; Soy gilipollas. Por que, realmente.. ¿Quién valora hoy en día una puta sonrisa? Vamos, todos sabemos que las emociones y sus expresiones físicas dejaron de impotarle al mundo hace ya tiempo y que ahora sólo puedes sonreír y esperar una igual de vuelta si estás cerrando un contrato millonario o eligiendo compañera de asiento trasero en un bar de carretera. La vida y sus cosas. 
 No me gusta mi sonrisa, pero me gusta su sensación; me gusta regalar algo de mi sin ser ello algo físico ni pagado. Me gusta hablar sin palabras y, joder, ¿Qué mejor 'Sí' que una sonrisa?..

Bueno, estoy seguro de que no entendéis a lo que quiero llegar con todo esto, así que acelero el proceso; está bien vivir en la nostalgia, llorar de vez en cuando y echar de menos; es algo inevitable. Pero aún así, y entre pena y pena (ya sabéis, para romper la rutina...) siempre está bien sonreír, cual chupito, que te tomas viéndolo ahí, tan poquito y tan nada pero que después del catorceavo comprendes aquello que se dice de la felicidad; 'Que viene en pequeñas cantidades.'











Todos estamos aquí por casualidad; asique; sonrie todo lo que puedas.